Ésta es una aventura de aventuras y misterios. Una historia que España barrió bajo la alfombra. La revolución de un puñado de españoles ilustrados que para no traicionarse a sí mismos debieron traicionar a la Corona.
José de San Martín, un idealista español en busca de la libertad, un estratega militar, es el protagonista de esta novela cuya acción se inicia en el frente de 1808 contra los invasores franceses.
Con una recreación muy visual y de ritmo vertiginoso, asistimos a batallas, traiciones, linchamientos, intrigas, persecuciones, juramentos secretos, una Logia como elemento aglutinador en la clandestinidad de la resistencia y una historia de amor.
Una novela con aires de capa y espada que recuerda a la épica de Pérez Reverte.
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lunes, 31 de octubre de 2011
viernes, 28 de octubre de 2011
En el amor y en la guerra de Alexandra Lapierre
En 1839, en el corazón de las montañas del Cáucaso, los caballeros musulmanes del Imán Shamil luchan contra los ejércitos del zar Nicolás primero. Se ven obligados a negociar con los rusos y la única moneda de valor que tienen para conseguir la paz es Djemmal Eddin, el hijo del Imán, un niño de ocho años que será separado de su familia. Djemmal podrá volver con su pueblo una vez se hayan firmado los acuerdos, pero los rusos no respetan el trato y envían al niño a San Petersburgo.
El niño vive allí lleno de angustias y dudas, pero se mantiene fiel y orgulloso de sus orígenes y su pueblo. El zar, que ha observado la dignidad y el carácter del niño, le envía a estudiar junto a sus propios hijos: Djemmal-Eddin se convierte en un joven culto, pintor, músico y un excelente caballero. A pesar de todo, se mantiene fiel a sus orígenes, hasta el día que se enamora...
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El niño vive allí lleno de angustias y dudas, pero se mantiene fiel y orgulloso de sus orígenes y su pueblo. El zar, que ha observado la dignidad y el carácter del niño, le envía a estudiar junto a sus propios hijos: Djemmal-Eddin se convierte en un joven culto, pintor, músico y un excelente caballero. A pesar de todo, se mantiene fiel a sus orígenes, hasta el día que se enamora...
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jueves, 27 de octubre de 2011
La cátedra de la calavera de Margarita Torres
Isabel la Católica quiso convertir la Universidad de Salamanca en la Sorbona española. Una serie de asesinatos está a punto de terminar con su reputación.
1509. Una joven huye disfrazada de muchacho de una boda pactada, la suya, y busca protección en el hogar de la catedrática Luisa de Medrano. Una vez en Salamanca, oculta siempre bajo ropajes de hombre, conocerá a un truhán, y por otra parte brillante estudiante de medicina, con el que entablará una ambigua e intensa amistad. Junto a este personaje, a la citada Luisa de Medrano y al Maestrescuela investigará unos misteriosos asesinatos ocurridos en el ámbito universitario. Todos ellos se verán involucrados en un turbio caso en el que estarán complicados también la Inquisición y la Corona.
La cátedra de la calavera narra los primeros pasos de una institución como la Universidad de Salamanca, creada en el siglo xii pero que empezó a tener renombre internacional cuando Isabel la Católica decidió convertirla en la Sorbona española, y nos sitúa, gracias a una espléndida prosa, en un siglo fascinante y convulso en el que el humanismo que ha irrumpido en Italia y que tras extenderse por Europa ha llegado a España, se enfrenta a la Inquisición ibérica que lucha por mantener un orden religioso establecido. La Universidad, en el medio de estas dos corrientes antagónicas, vive un periodo de gran intensidad y fertilidad intelectual.
Un thriller histórico que además de dejarnos sin aliento, homenajea a una de las instituciones más importantes de nuestro país y devuelve el gran privilegio de ser la primera mujer catedrática de nuestra historia a Luisa de Medrano.
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1509. Una joven huye disfrazada de muchacho de una boda pactada, la suya, y busca protección en el hogar de la catedrática Luisa de Medrano. Una vez en Salamanca, oculta siempre bajo ropajes de hombre, conocerá a un truhán, y por otra parte brillante estudiante de medicina, con el que entablará una ambigua e intensa amistad. Junto a este personaje, a la citada Luisa de Medrano y al Maestrescuela investigará unos misteriosos asesinatos ocurridos en el ámbito universitario. Todos ellos se verán involucrados en un turbio caso en el que estarán complicados también la Inquisición y la Corona.
La cátedra de la calavera narra los primeros pasos de una institución como la Universidad de Salamanca, creada en el siglo xii pero que empezó a tener renombre internacional cuando Isabel la Católica decidió convertirla en la Sorbona española, y nos sitúa, gracias a una espléndida prosa, en un siglo fascinante y convulso en el que el humanismo que ha irrumpido en Italia y que tras extenderse por Europa ha llegado a España, se enfrenta a la Inquisición ibérica que lucha por mantener un orden religioso establecido. La Universidad, en el medio de estas dos corrientes antagónicas, vive un periodo de gran intensidad y fertilidad intelectual.
Un thriller histórico que además de dejarnos sin aliento, homenajea a una de las instituciones más importantes de nuestro país y devuelve el gran privilegio de ser la primera mujer catedrática de nuestra historia a Luisa de Medrano.
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miércoles, 26 de octubre de 2011
El retorno cátaro de Jorge Molist
Cuando aquella mañana Jaime Berenguer se acercó a la ventana de su despacho ignoraba que allí vería la faz de la muerte y que esa visión cambiaría irremediablemente su vida. Poco después del atentado del que fue testigo en la Davis, la corporación de mayor poder mediático del mundo, Jaime conoce «casualmente» a Karen, una seductora compañera de trabajo de quien se enamora. Ella lo introduce en un grupo religioso legatario de los enigmáticos cátaros, herejes medievales que le ayudan, con su mística, a resucitar su espíritu como Pedro II, rey de Aragón.
Jaime, heredero de la tradición libertaria de su padre, español republicano emigrado a Estados Unidos, revive los trágicos sucesos de la cruzada contra los cátaros en el siglo XIII, la batalla que decidió el futuro de Occitania y el insensato amor del rey por la dama Corba, en un turbador paralelismo con su pasión por Karen. Incapaz de alejarse de esta mujer, Jaime se involucra en una despiadada lucha entre sociedades secretas que pretenden arrebatar al viejo Davis el poder de esa corporación, dispuesta a cambiar el rumbo de la política norteamericana.
Amor, poder, seducción, pasión y muerte tejen una trama donde el control de la corporación es el fin último: Cátaros y «Guardianes del Templo» preparan una última batalla de final impredecible. Una trama apasionante, un amor incierto y una brillante narración literaria convierten esta novela en un thriller rebosante de enigmas y misterios históricos.
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Jaime, heredero de la tradición libertaria de su padre, español republicano emigrado a Estados Unidos, revive los trágicos sucesos de la cruzada contra los cátaros en el siglo XIII, la batalla que decidió el futuro de Occitania y el insensato amor del rey por la dama Corba, en un turbador paralelismo con su pasión por Karen. Incapaz de alejarse de esta mujer, Jaime se involucra en una despiadada lucha entre sociedades secretas que pretenden arrebatar al viejo Davis el poder de esa corporación, dispuesta a cambiar el rumbo de la política norteamericana.
Amor, poder, seducción, pasión y muerte tejen una trama donde el control de la corporación es el fin último: Cátaros y «Guardianes del Templo» preparan una última batalla de final impredecible. Una trama apasionante, un amor incierto y una brillante narración literaria convierten esta novela en un thriller rebosante de enigmas y misterios históricos.
martes, 25 de octubre de 2011
El Castillo de Krivoklat
Muchas historias, algunas románticas y otras truculentas, guardan los viejos muros del castillo de Krivoklat. El entonces futuro emperador Carlos IVhabría pasado parte de su infancia aquí, entre 1319 y 1323, adonde regresó ocho años después, ya casado con Blanca de Valois, para que naciera su primogénita, Margarita. Se dice que el emperador hacía atrapar ruiseñores en todo el reino para soltarlos luego en los bosques cercanos al castillo; él esperaba que alegraran con su canto a su esposa, que sentía melancolía por su Francia natal. Con el tiempo, el Castillo de Karlstein sería el preferido de Carlos IV.
Durante el reinado de los Habsburgo, el castillo sirvió también como prisión. El obispo protestante Jan Augusta fue encarcelado allí en 1548, pasando los siguientes dieciseis años en la temida prisión de Krivoklat.
Paralelamente, entre 1559 y 1564, el castillo fue escenario del amor entre Fernando II, archiduque de Austria y Tirol, con Filipina Welser. Ambos contrajeron matrimonio secretamente en 1557, puesto que, aunque Filipina pertenecía a una poderosa familia patricia, no era más que una plebeya. Su unión fue aceptada en 1559 a condición de ser mantenida en la mayor discreción.
En 1591, el alquimista inglés Edward Kelley fue huésped forzado del castillo, encarcelado por el excéntrico emperador Rodolfo II, quien, cansado de esperar resultados del charlatán, pensaba que preso por fin se pondría a trabajar para convertir el plomo en oro...
Un primer incendio dañó seriamente el castillo en 1422, para ser reconstruido recién en 1471 por el rey Vladislao Jagellón. En esta época el castillo tomó su fisonomía actual. Otros incendios lo afectaron en 1597, 1643 y 1826, que casi lo destruyeron totalmente. En 1686, Ernst Josef von Wallenstein adquirió las ruinas y toda la región circundante. Por el casamiento de su nieta con Josef Wilhelm von Fürstenberg el castillo pasó a manos de esta familia. Los Fürstenberg se ocuparon de la restauración del castillo y del cuidado de los bosques circundantes, que conocieron entonces su época de mayor esplendor.
En 1929 el estado checo compró la propiedad convirtiendo el castillo en museo. Las dependencias, dispuestas en torno a un gran patio, tienen como atractivos principales la restaurada capilla de la Santísima Trinidad, los salones reales con exhibiciones de pinturas y esculturas góticas y la biblioteca del castillo que guarda alrededor de 52 mil ejemplares. De sus tiempos como prisión se conservan las cámaras y elementos de tortura. En la gran torre se exhiben trofeos de caza y desde sus 42 metros de altura se pueden admirar los alrededores.
Poseedores de una atmósfera mágica y misteriosa, los bosques de Krivoklat han servido de inspiración a muchos escritores y cineastas. La versión de Tristán e Isolda del año 2006 fue, en parte, filmada en estos bosques checos. El Secreto de los hermanos Grimm, del año 2005, fue rodada en el castillo de Krivoklat y en Kutna Hora.
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Durante el reinado de los Habsburgo, el castillo sirvió también como prisión. El obispo protestante Jan Augusta fue encarcelado allí en 1548, pasando los siguientes dieciseis años en la temida prisión de Krivoklat.
Paralelamente, entre 1559 y 1564, el castillo fue escenario del amor entre Fernando II, archiduque de Austria y Tirol, con Filipina Welser. Ambos contrajeron matrimonio secretamente en 1557, puesto que, aunque Filipina pertenecía a una poderosa familia patricia, no era más que una plebeya. Su unión fue aceptada en 1559 a condición de ser mantenida en la mayor discreción.
En 1591, el alquimista inglés Edward Kelley fue huésped forzado del castillo, encarcelado por el excéntrico emperador Rodolfo II, quien, cansado de esperar resultados del charlatán, pensaba que preso por fin se pondría a trabajar para convertir el plomo en oro...
Un primer incendio dañó seriamente el castillo en 1422, para ser reconstruido recién en 1471 por el rey Vladislao Jagellón. En esta época el castillo tomó su fisonomía actual. Otros incendios lo afectaron en 1597, 1643 y 1826, que casi lo destruyeron totalmente. En 1686, Ernst Josef von Wallenstein adquirió las ruinas y toda la región circundante. Por el casamiento de su nieta con Josef Wilhelm von Fürstenberg el castillo pasó a manos de esta familia. Los Fürstenberg se ocuparon de la restauración del castillo y del cuidado de los bosques circundantes, que conocieron entonces su época de mayor esplendor.
En 1929 el estado checo compró la propiedad convirtiendo el castillo en museo. Las dependencias, dispuestas en torno a un gran patio, tienen como atractivos principales la restaurada capilla de la Santísima Trinidad, los salones reales con exhibiciones de pinturas y esculturas góticas y la biblioteca del castillo que guarda alrededor de 52 mil ejemplares. De sus tiempos como prisión se conservan las cámaras y elementos de tortura. En la gran torre se exhiben trofeos de caza y desde sus 42 metros de altura se pueden admirar los alrededores.
Poseedores de una atmósfera mágica y misteriosa, los bosques de Krivoklat han servido de inspiración a muchos escritores y cineastas. La versión de Tristán e Isolda del año 2006 fue, en parte, filmada en estos bosques checos. El Secreto de los hermanos Grimm, del año 2005, fue rodada en el castillo de Krivoklat y en Kutna Hora.
lunes, 24 de octubre de 2011
Los castillos medievales
Los castillos son las construcciones más emblemáticas del feudalismo.
El denominado proceso de encastillamiento de la Europa medieval se realiza en tres fases a las que corresponden tres tipos de fortaleza:
La multiplicación de castillos se produce a partir del siglo X y hasta el siglo XV, y muchos de ellos no están relacionados directamente con la defensa. Estos pertenecen al rey, condes, obispos, etc., en los que poseen un guarnición (milites castri). Estas estructuras guerreras no tienen como único fin el asegurar la paz en la región, sirven también al señor para extender su dominio y hacerlo más provechoso.
Las fortalezas juegan un papel muy importante en las guerras medievales. En realidad estas consistían en una sucesión de asedios y unas pocas batallas más solemnes y sangrientas.
Los primeros castillos fueron simples torres rodeadas por empalizadas. En las fortificaciones había mucha madera que fue sustituyéndose por piedra a partir del siglo XII. Las murallas se fueron haciendo más gruesas y altas, reforzándose con taludes. Se crean barabacanas, torres cubiertas, matacanes, puentes levadizos, etc. Se construían más torres distribuidas por las cortinas de muros cada vez más robustas e independientes como la torre albarrana (destacada del muro) y fosos más profundos.
El castillo no respondía a normas o estructuras regularizadas. El constructor sé adaptaba al lugar, al presupuesto y a las necesidades militares del momento.
Construir un castillo era muy caro, solo los señores muy ricos y poderosos podían afrontar su construcción, elegían lugares que eran importantes conservar en tiempo de guerra, sus constructores no pensaban solo en tiempo de guerra sino en tiempos de paz. El castillo debía de abastecerse de comida y otras provisiones con facilidad, también eran el centro administrativo del señor por lo que estaba a unos días de camino de su territorio. El castillo necesitaba sólido cimientos para soportar el peso de sus fuertes muros, quizás lo más importante junto con las murallas era tener una fuente de agua limpia para abastecerse durante un asedio.
Los castillos se componían en su mayoría por:
Muros gruesos: que podían tener unos sus 2,5 metros de ancho y los de las torres podían ser todavía más anchos.
Foso: gran zanja llena de agua que rodeaba al castillo por los lados que no estaban protegidos por el precipicio. Los peces y aves del foso servían de alimento.
Puente levadizo: en su posición normal él punte se extendía sobre el foso lleno de agua, cuando el peligro acechaba la guardia lo levantaba.
Murallas: rodeaban al castillo. Eran altas y desde sus torres los defensores podían ver si alguien se aproximaba para dispararle con los arcos o las maquinas de asedio.
Puertas: por lo general era el primer sitio por donde atacar, era fuerte y tenía trampas crueles que esperaban los intrusos.
Rastrillo: protegía a la puerta de los ataques invasores. Tenía forma de reja y estaba hecho con madera de roble, recubierto con láminas de hierro para prevenir que fuera incendiado.
Aspilleras: abertura por las que disparaban los arqueros, se ensanchaban hacía el interior para que el arquero pudiera disparar sin exponerse a que le disparasen, también servían para dejar pasar la luz y el aire.
Torre del homenaje: en ella vivían el señor y su familia situada en corazón del castillo, si el castillo era atacado los defensores se retiraban a ella y luchaban hasta el final.
En tiempos de paz el castillo podía ser un centro administrativo, un hogar, un mercado, pero cuando la guerra perdía esos disfraces. Se convertía en una fortaleza. Él ejército sitiador aguardaba hasta que los moradores muriesen de hambre o de enfermasen. A menudo los sitiadores sobornaban a alguien del castillo para que abrieran las puertas.
Los castillos que protegían las ciudades tenían a menudo una segunda puerta trasera. En la sombra de las puertas de la ciudad estaban los blancos donde practicaban tiro los arqueros. Cuando la guarnición no practicaba sus habilidades guerreras estaba ocupadas instalando almacenes y municiones, o reparando sus armas.
El trabuquete era una máquina de asedio, que lanzaba proyectiles a gran altura y podía sobrepasar las murallas desde una distancia de trescientos metros. Era propulsado por un contrapeso. el trabuquete no sólo lanzaba piedras, también se lanzaba vasijas llenas de cal que quemaba la piel, animales muertos con intención de provocar enfermedades en el castillo, y en un ataque realmente espantoso se lanzaban cabezas.
El almajaneque también era una máquina de asedio que disparaba proyectiles en trayectoria baja, sin alcanzaba gran altura. Las piedras disparadas golpeaban contra las murallas, en vez de volar sobre ellas y caer en el recinto.
El mantelete era una empalizada portátil que protegía a los arqueros o zapadores que estaban al alcance del defensor.
Las vasijas incendiarias llenas de líquidos inflamables, como la brea, prendían fuego a todo lo que había debajo cuando se rompían.
Las ballestas eran tan poderosas que se convirtieron en un arma terrible. Para ayudar a traspasar las placas de la armadura, el ballestero ponía un poco de cera de abeja en la punta, si la saeta llegaba en ángulo, la cera ayudaba a la punta a ceñirse a las placas y penetrar mejor en la armadura. Eran más potentes que los arcos, además de tener otras ventajas como ser más precisas y poderse disparar en espacios reducidos
El arco largo necesitaba de gran habilidad para dispararlo. En manos de un buen arquero era tan potente que podía traspasar un panel de roble. Era rápido de disparar, en él mismo tiempo que un arquero empleaba en disparar hasta cuatro flechas el ballestero solo disparaba una saeta. Había diversos tipos de puntas de flecha para diferentes cometidos, como traspasar una armadura, matar caballos e infantes.
La marca de fuego en el cuerpo de un criminal era la pena de algunos delitos. Un malhechor marcado con una M no podía esconder su culpa, la sentencia se ejecutaba inmediatamente.
La pena para los prisioneros que no querían confesar era ser aplastados hasta morir. Era una muerte lenta, agonizante y muchos pedían que se saltara encima para morir antes.
En los delitos más triviales, como las borracheras y las peleas, el prisionero era enviado a un cepo para dedos. También se utilizaba para escolares díscolos.
Las ejecuciones en la horca, estaban reservadas para crímenes importantes. Era una muerte lenta, por lo que los condenados pedían a sus amigos en el camino hacia ella que tiraran de sus piernas.
La pena para los crímenes menores, como vender bienes con peso escaso, era permanecer un tiempo en el cepo. Estructura de madera con orificios para coger la cabeza y las manos del condenado. En casos un poco más graves, como propagar falsos rumores, se clavaban las orejas del reo al tablero.
La pena para la traición era “colgar, arrastrar y descuartizar” al traidor. Cuando la víctima estaba medio muerta, el verdugo le bajaba y le arrancaba las entrañas, cogía el corazón y gritaba “ ¡ Mirad el corazón del traidor !”. Las cabezas de los traidores decoraban las puertas de la ciudad avisando a los que quisieran conspirar contra el rey. También se exponían en lugares públicos.
Otro castigo era zambullir al prisionero en el foso o en la alberca de la villa. Se le sentaba en un taburete y se le bajaba al agua.
Para algunos criminales el castigo no acababa en el patíbulo. El herrero remachaba cadenas en el cadáver que se exponía para que otros no cometieran delito. Otras veces el viento y la climatología podían reducir el cuerpo a los huesos. Los pájaros anidaban en la calavera.
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El denominado proceso de encastillamiento de la Europa medieval se realiza en tres fases a las que corresponden tres tipos de fortaleza:
- Los castrum, o formaciones rocosas para refugio del pueblo (siglos VI al VII).
- Construcciones más reducidas en estos mismos lugares o en motas creadas por movimientos de tierras con gran capacidad defensiva (siglos X al XIII).
- Reductos de defensa menos altaneros, pequeñas motas señoriales o casas fortificadas (siglos XIV y XV).
La multiplicación de castillos se produce a partir del siglo X y hasta el siglo XV, y muchos de ellos no están relacionados directamente con la defensa. Estos pertenecen al rey, condes, obispos, etc., en los que poseen un guarnición (milites castri). Estas estructuras guerreras no tienen como único fin el asegurar la paz en la región, sirven también al señor para extender su dominio y hacerlo más provechoso.
Las fortalezas juegan un papel muy importante en las guerras medievales. En realidad estas consistían en una sucesión de asedios y unas pocas batallas más solemnes y sangrientas.
Los primeros castillos fueron simples torres rodeadas por empalizadas. En las fortificaciones había mucha madera que fue sustituyéndose por piedra a partir del siglo XII. Las murallas se fueron haciendo más gruesas y altas, reforzándose con taludes. Se crean barabacanas, torres cubiertas, matacanes, puentes levadizos, etc. Se construían más torres distribuidas por las cortinas de muros cada vez más robustas e independientes como la torre albarrana (destacada del muro) y fosos más profundos.
El castillo no respondía a normas o estructuras regularizadas. El constructor sé adaptaba al lugar, al presupuesto y a las necesidades militares del momento.
Construir un castillo era muy caro, solo los señores muy ricos y poderosos podían afrontar su construcción, elegían lugares que eran importantes conservar en tiempo de guerra, sus constructores no pensaban solo en tiempo de guerra sino en tiempos de paz. El castillo debía de abastecerse de comida y otras provisiones con facilidad, también eran el centro administrativo del señor por lo que estaba a unos días de camino de su territorio. El castillo necesitaba sólido cimientos para soportar el peso de sus fuertes muros, quizás lo más importante junto con las murallas era tener una fuente de agua limpia para abastecerse durante un asedio.
Los castillos se componían en su mayoría por:
Muros gruesos: que podían tener unos sus 2,5 metros de ancho y los de las torres podían ser todavía más anchos.
Foso: gran zanja llena de agua que rodeaba al castillo por los lados que no estaban protegidos por el precipicio. Los peces y aves del foso servían de alimento.
Puente levadizo: en su posición normal él punte se extendía sobre el foso lleno de agua, cuando el peligro acechaba la guardia lo levantaba.
Murallas: rodeaban al castillo. Eran altas y desde sus torres los defensores podían ver si alguien se aproximaba para dispararle con los arcos o las maquinas de asedio.
Puertas: por lo general era el primer sitio por donde atacar, era fuerte y tenía trampas crueles que esperaban los intrusos.
Rastrillo: protegía a la puerta de los ataques invasores. Tenía forma de reja y estaba hecho con madera de roble, recubierto con láminas de hierro para prevenir que fuera incendiado.
Aspilleras: abertura por las que disparaban los arqueros, se ensanchaban hacía el interior para que el arquero pudiera disparar sin exponerse a que le disparasen, también servían para dejar pasar la luz y el aire.
Torre del homenaje: en ella vivían el señor y su familia situada en corazón del castillo, si el castillo era atacado los defensores se retiraban a ella y luchaban hasta el final.
En tiempos de paz el castillo podía ser un centro administrativo, un hogar, un mercado, pero cuando la guerra perdía esos disfraces. Se convertía en una fortaleza. Él ejército sitiador aguardaba hasta que los moradores muriesen de hambre o de enfermasen. A menudo los sitiadores sobornaban a alguien del castillo para que abrieran las puertas.
Los castillos que protegían las ciudades tenían a menudo una segunda puerta trasera. En la sombra de las puertas de la ciudad estaban los blancos donde practicaban tiro los arqueros. Cuando la guarnición no practicaba sus habilidades guerreras estaba ocupadas instalando almacenes y municiones, o reparando sus armas.
El trabuquete era una máquina de asedio, que lanzaba proyectiles a gran altura y podía sobrepasar las murallas desde una distancia de trescientos metros. Era propulsado por un contrapeso. el trabuquete no sólo lanzaba piedras, también se lanzaba vasijas llenas de cal que quemaba la piel, animales muertos con intención de provocar enfermedades en el castillo, y en un ataque realmente espantoso se lanzaban cabezas.
El almajaneque también era una máquina de asedio que disparaba proyectiles en trayectoria baja, sin alcanzaba gran altura. Las piedras disparadas golpeaban contra las murallas, en vez de volar sobre ellas y caer en el recinto.
El mantelete era una empalizada portátil que protegía a los arqueros o zapadores que estaban al alcance del defensor.
Las vasijas incendiarias llenas de líquidos inflamables, como la brea, prendían fuego a todo lo que había debajo cuando se rompían.
Las ballestas eran tan poderosas que se convirtieron en un arma terrible. Para ayudar a traspasar las placas de la armadura, el ballestero ponía un poco de cera de abeja en la punta, si la saeta llegaba en ángulo, la cera ayudaba a la punta a ceñirse a las placas y penetrar mejor en la armadura. Eran más potentes que los arcos, además de tener otras ventajas como ser más precisas y poderse disparar en espacios reducidos
El arco largo necesitaba de gran habilidad para dispararlo. En manos de un buen arquero era tan potente que podía traspasar un panel de roble. Era rápido de disparar, en él mismo tiempo que un arquero empleaba en disparar hasta cuatro flechas el ballestero solo disparaba una saeta. Había diversos tipos de puntas de flecha para diferentes cometidos, como traspasar una armadura, matar caballos e infantes.
La marca de fuego en el cuerpo de un criminal era la pena de algunos delitos. Un malhechor marcado con una M no podía esconder su culpa, la sentencia se ejecutaba inmediatamente.
La pena para los prisioneros que no querían confesar era ser aplastados hasta morir. Era una muerte lenta, agonizante y muchos pedían que se saltara encima para morir antes.
En los delitos más triviales, como las borracheras y las peleas, el prisionero era enviado a un cepo para dedos. También se utilizaba para escolares díscolos.
Las ejecuciones en la horca, estaban reservadas para crímenes importantes. Era una muerte lenta, por lo que los condenados pedían a sus amigos en el camino hacia ella que tiraran de sus piernas.
La pena para los crímenes menores, como vender bienes con peso escaso, era permanecer un tiempo en el cepo. Estructura de madera con orificios para coger la cabeza y las manos del condenado. En casos un poco más graves, como propagar falsos rumores, se clavaban las orejas del reo al tablero.
La pena para la traición era “colgar, arrastrar y descuartizar” al traidor. Cuando la víctima estaba medio muerta, el verdugo le bajaba y le arrancaba las entrañas, cogía el corazón y gritaba “ ¡ Mirad el corazón del traidor !”. Las cabezas de los traidores decoraban las puertas de la ciudad avisando a los que quisieran conspirar contra el rey. También se exponían en lugares públicos.
Otro castigo era zambullir al prisionero en el foso o en la alberca de la villa. Se le sentaba en un taburete y se le bajaba al agua.
Para algunos criminales el castigo no acababa en el patíbulo. El herrero remachaba cadenas en el cadáver que se exponía para que otros no cometieran delito. Otras veces el viento y la climatología podían reducir el cuerpo a los huesos. Los pájaros anidaban en la calavera.
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viernes, 21 de octubre de 2011
La lavanda silvestre que iluminó París de Belinda Alexandra
En la bella Provenza, la joven Simone Fleurier, de catorce años, vive arropada por el amor incondicional de su familia, dueña de una plantación de lavandas que atraviesa graves problemas económicos. Cuando por fin las cosas parecen mejorar, su padre fallece en un fatídico accidente de tráfico. Su familia, destrozada y sin recursos, se ve obligada a enviar a Simone a un vieja casa de huéspedes en Marsella dirigida por su tía, una cruel mujer que la obligará a trabajar como criada en unas pésimas condiciones.
Sola, sin el amor de los suyos y perdida cualquier esperanza, Simone cae en una vida triste y miserable. Pero su suerte cambiará cuando trabe amistad con Camile Casal, una hermosa, fría y calculadora joven dedicada al teatro de variedades que le descubrirá el mundo del espectáculo. Poco a poco, florecerá en el corazón de Simone un sueño que la motivará a seguir adelante: convertirse en la más extraordinaria bailarina y cantante de toda Francia.
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Sola, sin el amor de los suyos y perdida cualquier esperanza, Simone cae en una vida triste y miserable. Pero su suerte cambiará cuando trabe amistad con Camile Casal, una hermosa, fría y calculadora joven dedicada al teatro de variedades que le descubrirá el mundo del espectáculo. Poco a poco, florecerá en el corazón de Simone un sueño que la motivará a seguir adelante: convertirse en la más extraordinaria bailarina y cantante de toda Francia.
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